La trashumancia regresa a las calles de Colmenarejo
Colmenarejo volverá a recibir el paso de un rebaño trashumante el sábado 18 de julio a las 9:30h en el parque de la trashumancia
El sábado 18 de julio tendremos una jornada de homenaje a la trashumancia, un paseo que recorrerá distintos puntos del municipio y permitirá acercarse a una práctica ganadera vinculada desde hace siglos a las vías pecuarias de la Comunidad de Madrid.
La salida está prevista a las 9:30 horas desde el Parque de la Trashumancia (El Tupi). Desde allí, el rebaño se dirigirá hacia la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, atravesará distintos caminos y calles del municipio —pasando por la zona de Prausteros, el entorno del colegio Las Veredas y el Polideportivo Municipal Príncipe de Asturias— hasta llegar a la Plaza de la Constitución. Tras su paso por el centro del municipio, continuará el recorrido por las calles San Lorenzo y de las Eras para regresar finalmente al Parque de la Trashumancia.
Una red histórica que atraviesa Colmenarejo
La trashumancia consiste en el desplazamiento estacional del ganado entre los pastos de invierno y de verano. Estos recorridos se realizan tradicionalmente a través de las vías pecuarias, una extensa red de caminos ganaderos que atraviesa pueblos, dehesas, montes y campos de la Comunidad de Madrid.

El inventario oficial recoge en Colmenarejo una extensa red de vías pecuarias históricas y descansaderos. Muchos de estos puntos están hoy desdibujados por la extensión de los desarrollos urbanísticos. Merece la pena caminar hasta el Descansadero de la Fuente del Navazo. Os recomendamos este artículo que cuenta como Felipe II, escuchaba misa en la Iglesia de Santiago Apóstol de Colmenarejo de camino al Escorial mientras su séquito descansaba en el Navazo.
“Lo que si que es seguro que este lugar ha sido aprovechado como descansadero y abrevadero de ganado desde muchos siglos antes, al pasar varias vías pecuarias de cierto interés por sus proximidades. Felipe II en sus visitas al Monasterio de El Escorial para revisar el estado de las obras, tenía la costumbre de parar en Colmenarejo a escuchar misa en la Iglesia de Santiago Apóstol mientras su séquito le esperaba en el Navazo, lugar en el que aprovechaban para abrevar a los caballos”
Rebaños que siembran vida a su paso
El movimiento de los rebaños convierte las vías pecuarias en auténticos corredores ecológicos capaces de conectar espacios naturales que, de otro modo, podrían quedar aislados.
Las ovejas transportan semillas adheridas a la lana y a las pezuñas, además de dispersarlas a través del aparato digestivo. Al mismo tiempo, fertilizan los terrenos por los que pasan. Se calcula que una oveja trashumante puede trasladar diariamente unas 5.000 semillas y aportar más de tres kilos de estiércol.
Son, en cierto modo, sembradoras andantes. A medida que avanzan, contribuyen a renovar los pastos, limpiar el campo, enriquecer los suelos y favorecer la diversidad vegetal. Las vías pecuarias funcionan así como corredores de biodiversidad, pero también como espacios donde todavía es posible observar una relación directa entre el ser humano, los animales y el territorio.
Una forma de vida marcada por el camino
Pero la riqueza de la trashumancia va mucho más allá de sus beneficios ambientales. Detrás de cada rebaño hay personas que durante días o semanas caminan junto a los animales, vigilan su descanso, buscan agua, atraviesan caminos difíciles y afrontan el frío, el calor, la lluvia y las largas jornadas al aire libre.
Es una forma de vida basada en el conocimiento del campo, de los animales y de los ciclos naturales. Los pastores aprenden a interpretar el cielo, reconocer el terreno, anticipar peligros y adaptarse a un camino que rara vez resulta cómodo.
La dureza de ese recorrido engrandece a quienes lo realizan. No por una visión romántica del sacrificio, sino porque exige paciencia, resistencia, responsabilidad y una enorme capacidad de adaptación. La trashumancia conserva una manera de entender la vida en la que el tiempo no lo marcan únicamente los relojes, sino también la luz, el clima, el ritmo del ganado y las condiciones del paisaje.
Un patrimonio que sigue vivo
Las vías pecuarias son bienes de dominio público y forman parte del patrimonio histórico y natural. Además de su uso ganadero, permiten conservar corredores entre ecosistemas, sirven como caminos rurales y recuerdan la importancia que tuvo la ganadería en la configuración del paisaje de la Sierra de Madrid.
Mantener viva la trashumancia significa conservar biodiversidad, fertilidad y paisaje, pero también reconocer el valor de quienes continúan recorriendo estos caminos. Personas cuyo trabajo, muchas veces invisible, mantiene una relación con la naturaleza que la sociedad moderna ha ido perdiendo y que es totalmente necesaria
El paso del rebaño por Colmenarejo será, por tanto, mucho más que una imagen llamativa en las calles. Será la llegada de una forma de vida, de un patrimonio colectivo y de una actividad que sigue dejando riqueza en los suelos y memoria en los caminos un patrimonio que debemos cuidar y valorar.
Ley estatal 3/1995, de Vías Pecuarias pecuarias: Reconoce las vías pecuarias como bienes de dominio público y destaca sus funciones ganaderas, ecológicas y culturales.
Ley 8/1998 de Vías Pecuarias de la Comunidad de Madrid: Regula específicamente las vías pecuarias madrileñas y establece que son bienes públicos, inalienables, imprescriptibles e inembargables.
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