El primer amistoso de la pretemporada ya dejó una referencia para el equipo de Iciar García. Después de apenas dos semanas de entrenamientos, el choque ante UB Villalba permitió comprobar sobre la pista las diferencias de ritmo y exigencia que encontrará durante la temporada.
El encuentro dejó buenas sensaciones en la primera mitad. El conjunto colmenarejano compitió de tú a tú y llegó al descanso con empate ante un rival con más experiencia. Para la entrenadora, la intensidad y la actitud mostradas fueron una de las principales noticias positivas.
También para los jugadores la diferencia se hizo evidente. Héctor, que lleva dos años jugando al baloncesto, terminó el partido cansado y reconoce que el nivel es mayor que el que conocían hasta ahora. Pero también se queda con la evolución del grupo: “Este equipo era muy fuerte comparado con lo que estábamos acostumbrados antes y bueno, cada vez mejorando”.
Un grupo que empieza a conocerse
La plantilla combina jugadores de primer y segundo año y algunos llevan pocos días trabajando con el equipo. El proceso pasa ahora por ganar físico, adaptarse a la duración de los partidos y responder a defensas más intensas.
La segunda parte ante UB Villalba permitió comprobar esas dificultades. El rival aumentó la presión y Colmenarejo tuvo más problemas para salir con el balón, mientras algunos jugadores arrastraban molestias. Reducir las pérdidas en campo propio será una de las tareas durante las próximas semanas.
Iciar, sin embargo, no quiere que el equipo mire demasiado pronto a la clasificación. El objetivo es que los jugadores adquieran recursos para competir y que entiendan que también se aprende cuando el partido se pone cuesta arriba.
Crecer sobre la pista
En estas edades, el baloncesto también es una cuestión de hábitos. Hablarse, ayudarse y mantener la concentración cuando las cosas no salen son aspectos que tienen tanto peso como el resultado.
Durante el amistoso, Iciar llegó a pedir a sus jugadores que dejaran de mirar el marcador y se centraran en seguir jugando. Una filosofía que también traslada a los entrenamientos, donde no siempre se cuentan los puntos.
Héctor tiene claro qué valores le está aportando el equipo. Entre ellos destaca uno: “Jugar en equipo”. Una forma sencilla de explicar qué necesita ahora un grupo que todavía está construyendo su identidad.
Una temporada para crecer
Más que marcar una posición concreta en la clasificación, el reto pasa por ganar experiencia en un escenario nuevo. La temporada será también una oportunidad para que los jugadores se consoliden y el grupo siga avanzando de cara a los próximos años.
Para Iciar, que afronta su tercer año como entrenadora en el municipio, el crecimiento del baloncesto en Colmenarejo también es una de las buenas noticias. El equipo mantiene abierta la posibilidad de incorporar nuevos jugadores y seguir ampliando el grupo.
El primer paso ya está dado. Ahora toca acostumbrarse a un nivel diferente, sacar experiencia de cada partido y descubrir hasta dónde puede llegar este equipo. Sin prisas y sin que el marcador sea la única medida del progreso.






