Mucho antes de que las grandes urbanizaciones como Parque Azul o Los Ranchos extendieran Colmenarejo hacia sus actuales límites, el pueblo terminaba prácticamente donde acababan las últimas casas del casco antiguo. Al este se abrían terrenos sin edificar, atravesados por caminos y alejados todavía del crecimiento residencial que llegaría durante la segunda mitad del siglo XX.

En 1929, el Ayuntamiento puso en marcha la que sería conocida como Colonia de Santiago Apóstol. El propósito era atraer a los primeros veraneantes que comenzaban a abandonar temporalmente Madrid para pasar los meses de calor en los municipios de la sierra.
La historia de aquella colonia aparece recogida en Arquitectura y desarrollo urbano. Comunidad de Madrid: zona oeste, una extensa publicación editada en 1999 por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, la Comunidad de Madrid y la Fundación Caja Madrid. El estudio dedica 27 páginas a reconstruir la evolución histórica y urbanística de Colmenarejo (con datos realmente interesantes) y reserva una ficha específica para la colonia.
La sierra como refugio
A finales del siglo XIX y comienzos del XX se había extendido una nueva forma de mirar la sierra madrileña. Las ideas higienistas de la época defendían las ventajas del aire limpio, el contacto con la naturaleza y el alejamiento temporal de las condiciones de vida de las ciudades.
La montaña empezó a verse como un espacio saludable, casi como un remedio frente al ruido, la contaminación y las enfermedades asociadas al crecimiento urbano. En aquel lejano 1929, el Ayuntamiento segregó pequeñas parcelas de terrenos municipales situados al este del casco y comenzó a cederlas a particulares mediante el pago de un canon.
No se trataba de una cesión sin condiciones. Quienes recibían una parcela estaban obligados a cerrarla y a iniciar la construcción de una vivienda. Si en un plazo máximo de cuatro años no se había levantado el cerramiento y la casa no había llegado al menos a cubrir aguas, el terreno debía regresar al Ayuntamiento.
De este modo, el municipio trataba de asegurarse de que las parcelas no quedaran como simples solares y que la nueva colonia creciera realmente como un espacio residencial.
Una pequeña ciudad jardín
La Colonia de Santiago original fue diseñada con una estructura muy diferente a la del casco antiguo.
Mientras el pueblo tradicional había crecido durante siglos mediante calles estrechas, irregulares y adaptadas a los antiguos caminos ganaderos, la nueva colonia presentaba un trazado ordenado, con calles rectas que formaban una cuadrícula.

Las parcelas eran amplias y las viviendas se levantaban separadas de sus límites, rodeadas generalmente por jardines. El resultado era un espacio abierto y poco denso que el estudio del COAM aproxima al concepto de ciudad jardín.
Aquellas casas no pretendían reproducir exactamente las viviendas ganaderas del casco antiguo. Respondían a una nueva forma de habitar Colmenarejo: ya no estaban vinculadas directamente a la agricultura o a la ganadería, sino al descanso y al disfrute temporal del entorno.
La colonia representa, por tanto, algo más que una ampliación del pueblo. Supuso la aparición de un modelo residencial que terminaría siendo decisivo para comprender el Colmenarejo actual en el que vivimos.
Las primeras viviendas
El estudio diferencia dos grandes momentos dentro de la primera etapa de la colonia: las casas levantadas durante los años treinta y las construidas después de la Guerra Civil.
Las viviendas más antiguas solían tener una sola planta. Sus muros se realizaban con mampostería de granito y las puertas y ventanas aparecían, en algunos casos, enmarcadas con ladrillo. Las cubiertas, generalmente de teja plana, se organizaban en varios faldones.
Eran casas sencillas, pero mantenían cierta unidad en sus materiales, proporciones y relación con el jardín. Ese carácter común es precisamente uno de los principales valores que el inventario arquitectónico encontraba en la colonia.
Después de la Guerra Civil aparecieron nuevas viviendas, todavía generalmente de una planta, pero vinculadas al lenguaje arquitectónico de la posguerra. Sus fachadas continuaban utilizando la mampostería de granito y las cubiertas de teja curva. En muchas de ellas se incorporaron pequeños porches a los que se accedía mediante arcos de medio punto.
El COAM relacionaba estas construcciones con la arquitectura desarrollada durante aquellos años por Regiones Devastadas. Pese a las diferencias entre las casas de los años treinta y las de posguerra, el conjunto conservaba una imagen relativamente coherente.
El crecimiento hacia el sur

La nueva ampliación ya no siguió con tanta claridad la cuadrícula original. Las calles empezaron a adaptarse a la topografía, el parcelario se volvió más pequeño e irregular y la arquitectura perdió parte de la homogeneidad de la primera etapa.
Las viviendas construidas al principio de los años sesenta solían contar con dos plantas, fachadas revocadas y sillares de granito alrededor de puertas, ventanas y esquinas.
La cartografía permite apreciar con claridad esas dos etapas. Al este del casco aparece el trazado regular de la colonia primitiva; hacia el sur, la ampliación de los años sesenta y setenta adopta una forma más orgánica y fragmentada.

En 1991, Colmenarejo contaba con 1.760 viviendas. Según los datos recogidos por el estudio, solamente 734 eran residencias permanentes, mientras que 794 se utilizaban como segunda residencia. La población habitual se multiplicaba durante los fines de semana y los periodos vacacionales.
La colonia a día de hoy
Desde su creación en 1929 han pasado casi cien años. Muchas viviendas han sido reformadas, ampliadas o sustituidas y el antiguo núcleo de veraneo ha quedado integrado dentro del crecimiento urbano.
Muchas de esas viviendas fueron vendidas o abandonadas por hijos y nietos. Y algunas tienen hoy una segunda vida gracias a que algunos miembros de aquellas familias decidieron regresar o establecer su residencia aquí. O por la compra de esas casas por parte de los que han huído más recientemente de Madrid para mejorar su calidad de vida u obligados por las consecuencias de la crisis inmobiliaria.
ℹ️ Fuente documental: Arquitectura y desarrollo urbano. Comunidad de Madrid: zona oeste, tomo VI, páginas 355-381. Madrid: Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transporte de la Comunidad de Madrid y Fundación Caja Madrid, 1999.
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