A veces no hace falta que nadie nos diga que hacer y tampoco está bien que siempre responsabilicemos a otros de su deber de limpiar. A Fernando, como a muchos de nosotros, le llevan los demonios cada vez que sale al campo y se encuentra basura de todo tipo tirada en los caminos o entre la vegetación.
Su gesto os puede parecer pequeño, pero no lo es. Una vez al mes aparca la bicicleta y dedica parte de su tiempo a recoger botellas, latas y todo tipo de residuos acumulados en el entorno natural y las vías pecuarias de Colmenarejo.
Este pasado domingo hizo su recorrido habitual desde la zona del Monte Cuesta Blanca en dirección a su casa y recogió lo que otros tiran. Según nos cuenta, a lo largo de un año ha llegado a retirar más de 200 kilos de basura.
Latas y envases
Entre lo que encuentra hay latas de cerveza y refrescos, botellas, cajetillas de tabaco, envases de comida precocinada y otros residuos abandonados en plena naturaleza. No son degradables y no aparecen solos ahí.
Este vecino realiza esta tarea por iniciativa propia y la entiende como una pequeña forma de prestar “un servicio a la comunidad” y de contribuir a mantener limpio el entorno del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama.
Lo que más le preocupa, explica, es la falta de respeto hacia espacios que forman parte del patrimonio natural de todos. Y repito: “de todos”.
“Algo se ha perdido del equilibrio con la naturaleza”, lamenta Fernando
Las imágenes que nos ha enviado después de su última salida muestran hasta qué punto un simple paseo por algunos de nuestros caminos puede terminar llenando bolsas de residuos. Y el valor de un trabajo voluntario que plantea también una pregunta bastante sencilla: ¿tan difícil es llevarse de vuelta aquello que uno mismo ha llevado al campo?





